CAMPAÑAS ELECTORALES Y MUNDIAL DE FÚTBOL

CAMPAÑAS ELECTORALES Y MUNDIAL DE FÚTBOL
José M. Sánchez




México es un país al que le “hierve la sangre”. Los mexicanos somos apasionados, quizá por naturaleza, o porque la historia de nuestro pueblo nos ha moldeado de esa manera. En cierto sentido, México es gran país conformado por pequeños países, pues tenemos la fortuna de encontrar gran diversidad de subculturas repartidas a lo largo de todo nuestro territorio nacional. Etnias, ecosistemas, religiones, gastronomía y hábitos sociales, se conjugan de tal manera que es posible transitar por toda nuestra riqueza sin salir siquiera de nuestro territorio. Pero aun con todas las naturales diferencias que podemos atribuir a los rasgos de nuestra región de nacimiento, podemos también encontrar las similitudes que nos dan identidad. Así, es tan cierto decir que “cada mexicano es diferente”  como decir que “todos los mexicanos son iguales”. Y somos iguales porque vemos y enfrentamos la vida de la misma manera: cada día nos levantamos para ver de frente al futuro y construirlo, independientemente de cuan adverso sea el presente. No hay mexicano al que no le hierva la sangre…

Si los acontecimientos importantes para un país se miden por la magnitud del impacto que generan en sus ciudadanos, entonces podemos decir que este año México vivirá –simultáneamente- dos acontecimientos de este tipo. El 14 de junio arrancará el Mundial de Fútbol  de Rusia 2018 que, como cada cuatro años, paralizará a nuestro país para seguir de cerca el camino de nuestra selección nacional, nuestro bien amado TRI. Vienen semanas en las que el fútbol será nuestro principal alimento gracias a los medios de comunicación, y en el que nuestro nacionalismo deportivo nos hará sentirnos más cercanos, más unidos, más hermanos. Los que amamos el fútbol, ya estamos preparados para pasar una y otra vez del éxtasis a la melancolía y viceversa, a lo largo de cada 90 minutos que México sea protagonista. Al menos sabemos que nuestros paisanos, aquéllos que no gustan del deporte de las patadas, se portan solidarios con el pueblo durante esas cuatro semanas del año. 

Pero esta ocasión en particular también ocurren desafíos en otros escenarios. El segundo acontecimiento importante que nos depara es el proceso electoral. Elegiremos Presidente de la nación y otros representantes locales. Y como todas las situaciones que nos presenta la vida, esta oportunidad de decidir el rumbo de nuestro país también es hermosa y trascendente. ¿Acaso hay algo más hermoso que tener la oportunidad de aportarle algo a nuestro país?, ¿acaso algo más trascendente como ciudadanos?  

En mi opinión, ambas contiendas (las que ocurrirán en las canchas y en las campañas) poseen algo que las vuelve muy atractivas: quien mejor entienda el juego (deportivo o político) mejores oportunidades tendrá de salir victorioso. Así, la contienda representa un juego de estrategia en el que la capacidad de planeación de las acciones será la clave. El fútbol y la política se juegan “con la cabeza”. 

¿Qué nos toca a los espectadores? Ponernos la camiseta y apoyar a nuestro equipo. En el fútbol decimos que el jugador número 12 (el aficionado que apoya desde la tribuna) juega un papel importantísimo como apoyo a los 11 que están en la cancha. Y lo mismo ocurre en toda campaña política. En una campaña, el jugador número 12 es el ciudadano que apoya o da la espalda, el que permite o el que se opone. De ahí que sea crucial reflexionar sobre cuál deberá de ser nuestra actitud ante las próximas elecciones. ¿Sobre qué bases elegiremos sumarnos a la decisión del país o sumarnos a las cifras al abstencionismo? ¿Tú qué quieres para México?  

No hay mejor base que el conocimiento y, como tal, una actitud basada en conocimientos (o sea, informada) será la mejor de todas. ¿Y qué debemos conocer? De entrada, las trayectorias, propuestas y capacidad de escucha de los candidatos. Si conocemos más de los jugadores de nuestra selección y de sus rivales en el próximo mundial, que de los candidatos que se juegan la silla presidencial, entonces no estamos listos para decidir. Y si no es ahora, ¿cuándo? Recordemos que “la gran final” será este próximo primero de julio, y esa fecha ya está muy próxima. Que nuestro orgullo nacional sea nuestra pasión y que esa pasión se refleje en las urnas así como en cada grito de gol… 



José Manuel Sánchez es Psicólogo egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, director de la consultora Depsic Psicología y Alto Rendimiento SC., capacitador y conferencista, con intereses en áreas de Psicología, Política, Emprendimiento, Deporte y Artes. 

¿Vale la pena intentarlo?

¿VALE LA PENA INTENTARLO…? 
José M. Sánchez

¿Alguna vez te has detenido antes de intentar algo que deseas? Seguramente que toda persona se ha visto en esa situación alguna vez. "¿Debo dar ese beso?, ¿debo solicitar ese empleo?, ¿debo pedirle permiso?, ¿debo comer ese postre extra?, ¿debo estudiar esa maestría?, ¿debo independizarme?" Esta clase de preguntas y otras por el estilo nos han dejado sin dormir más de una noche.

La vida es ese tiempo que transcurre mientras tomamos decisiones. Curiosamente, el tomar una decisión no es algo que nos represente mayor problema desde que somos pequeños. Cualquier niño sano es experto en el arte de decidir: decide jugar con la arena -y lo hace-, decide trepar a la mesa -y lo hace-, decide comer la galleta -y lo hace-, decide tirar el juguete -y lo hace-, etc. En el mejor de los casos, los padres van a detenerlo si lo que intenta hacer el niño es peligroso, pero cuando los padres intervienen ya el intento está hecho. En otras palabras, los adultos pueden detener la acción del niño pero nadie puede detener la intención, el impulso, porque las intenciones e impulsos nacen del interior del niño y siempre preceden a sus actos. 

¿Qué pasa entonces cuando crecemos?, ¿por qué los adultos dudamos tanto antes de hacer las cosas que queremos?, ¿por qué no podemos seguir imitando a los niños y simplemente actuar y atrevernos? Una respuesta sencilla a estas preguntas se relaciona con la capacidad que tenemos los adultos para anticipar las consecuencias de nuestros actos. El niño no parece capaz de darse cuenta de lo que puede provocar una acción suya, o al menos no completamente. En cambio, el adulto “normal” al menos tiene una perspectiva más amplia que le permite saber que a toda acción corresponde una reacción, y por consecuencia aprende a ser más cauteloso. Al parecer, no solo envejecemos con el paso de los años, también aprendemos a pensar las cosas dos veces…

Tal vez todo esto que acabo de decir no resulte algo novedoso para usted. Todos sabemos que los niños son arriesgados y que los adultos medimos nuestras acciones antes de realizarlas. Sin embargo, lo que no parece tan obvio es respondernos qué tan arriesgados deberíamos de continuar siendo ya que dejamos atrás la infancia. ¿Deberíamos renunciar tajantemente al riesgo?, ¿o tal vez deberíamos de atrevernos a todo?

Es difícil encontrar cuál sería la medida recomendada para ser arriesgados en la vida. No creo siquiera que exista tal medida, o al menos no podemos generalizarla. Hay situaciones en las que tomar un riesgo prácticamente nos puede costar la vida y hay otras en las que perderíamos la vida si no nos arriesgamos. Para no perdernos en este juego de palabras vamos a decir algo más concreto para tratar de que nuestra reflexión sea útil. 

En mi experiencia como psicólogo me he interesado mucho por el tema de encontrar cuáles son los factores que influyen para que una persona se decida a intentar hacer algo que quiere o para que decida mejor no hacerlo. Supongamos que usted quiere enamorar a cierta persona que conoce y que en este momento solo son amigos. ¿Decide usted intentar enamorarle o no se atreve?, ¿de qué depende su decisión? Es obvio que habrá muchos factores que influyan para tomar una decisión ante esta clase de situaciones, pero para simplificar solamente voy a señalar dos condiciones. En general, para decidirnos a actuar tomamos en cuenta dos cosas: 1) cuál es el grado de dificultad del reto que tenemos enfrente y 2) qué tan capaces creemos ser para afrontarlo. ¿Analizamos un poco este tema?

Usted primero evalúa la situación, analiza, y luego concluye si se trata de una situación sencilla o difícil. Regresando a nuestro ejemplo de la conquista, usted se pone a pensar si la persona puede resultar atractiva también para otras personas o no, si actualmente ya tiene una pareja estable o no, si se trata de alguien que parece ser fácil llegar a descubrir lo que le gusta, etc. Al responder a estas preguntas usted podrá concluir que se trata de un reto sencillo, regular, difícil o casi imposible. Y aquí interviene un primer mensaje que quiero transmitirle: ¿usted sabe evaluar los retos que enfrenta?, ¿le da su justa medida a cada reto o por el contrario los distorsiona? Hay personas que con mucha facilidad ven los problemas más grandes de lo que en realidad son. Los exageran, o como decimos coloquialmente, “se ahogan en un vaso de agua”.  Y otras personas, por el contrario, parece que todo lo ven muy sencillo. No se estresan y creen que los problemas no son tan grandes.  

Pero no se trata de ver los problemas o los retos de la vida más grandes o más pequeños, sino de verlos en su justa dimensión. Tan peligroso es no intentar algo por temor como peligroso es el "aventarnos" sin medir el riesgo. En ambos casos podemos salir dañados. ¿Cómo podemos entonces medir con precisión la magnitud del riesgo?

Aquí interviene el segundo de los factores a los que ya me referí antes. Más arriba dije que para tomar una decisión también interviene la creencia en nuestra propia capacidad. ¿Qué significa esto? Se lo diré con un ejemplo. Cuando usted va a salir de vacaciones revisa una y otra vez su maleta para cerciorarse de que lleva consigo todo lo necesario. Traje de baño, bloqueador, sandalias, etc., Listo, usted sale con la seguridad de que lleva lo que va a necesitar. Pues bien,  antes de tomar una decisión en la vida también echamos un ojo primero para asegurarnos de que tenemos lo necesario. Aunque en este caso “lo necesario” se refiere a las capacidades, aprendizajes,  inteligencia, hábitos que nos definen como individuos particulares. Escaneamos todo nuestro arsenal de conocimientos/habilidades y entonces podremos concluir que somos poco capaces, muy capaces o incluso prácticamente indestructibles. La imagen que tenemos de nosotros mismos influye en buena medida sobre la dificultad que le atribuimos a los retos que enfrentamos. Si creemos que somos poco capaces entonces cualquier reto nos parecerá demasiado difícil. En cambio, si creemos que somos indestructible entonces todo reto que enfrentemos nos parecerá insignificante. ¿Usted cómo se valora, como alguien competente o incompetente?

Pues bien, le diré que la imagen que usted posee de sí (como alguien competente o no) es el resultado de toda su historia personal, de sus éxitos y fracasos pasados. Todos tenemos un cierto nivel de confianza (alto o bajo) en nosotros mismos y eso viene en buena medida de lo bien o mal que nos haya tratado la vida. Pero estoy convencido de que en muchas ocasiones la imagen que una persona posee de sí misma no corresponde necesariamente con sus capacidades reales. Más específicamente, sostengo que alguien puede ser capaz de lograr muchas cosas y no darse cuenta. Mucha gente no cree en sí misma sin saber que su falta de fe no se corresponde con sus capacidades reales. 

¿Solución para esta situación? ¡Póngase a prueba! No de por hecho que usted fallará, mejor otórguese el beneficio de la duda. Por supuesto, primero evalúe bien la situación (posibles riesgos o pérdidas que puede tener), estudie los hechos y prepárese. Y si considera que su vida o la de alguien más no está de por medio, decídase a intentarlo. O, al menos, no se descarte de antemano convenciéndose de que usted no sería capaz de lograr aquello que quiere. Ponernos a prueba es la mejor estrategia para descubrirnos. Si usted se entrega a la aventura de descubrirse permanentemente vivirá en constante renovación. Y, en mi opinión, renovarse es algo por lo que bien vale la pena intentar aquello que queramos… 

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José Manuel Sánchez es Psicólogo egresado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, director de la consultora Depsic Psicología y Alto Rendimiento SC., capacitador empresarial y conferencista. 



¡Mas alto, más fuerte, más rápido!... ¿A qué costo?

¡MÁS ALTO, MÁS FUERTE, MÁS RÁPIDO!... ¿A QUÉ COSTO?
José M. Sánchez
Depsic Psicología y Alto Rendimiento


Davide Astori
Hace pocos días fui sorprendido -como todo el medio futbolístico a nivel mundial- con una noticia trágica: Davide Astori, capitán de la Fiorentina (Italia), murió aparentemente de manera repentina en un hotel de concentración. Se trataba de un joven jugador (31 años), un atleta, una persona entrenada para el alto rendimiento, pero cuya trayectoria fue detenida abruptamente por una muerte repentina (usted puede ver una nota al respecto en http://cnnespanol.cnn.com/2018/03/04/davide-astori-muere-jugador-de-futbol-de-la-fiorentina/). 

           Desafortunadamente, Astori no es el único jugador de fútbol al que la muerte haya sorprendido de esa manera, incluso se han dado casos en pleno campo de juego. No deja de sorprenderme que ocurran estos hechos en este siglo en el que los avances de la medicina permiten monitorear el estado de salud de los atletas de alto rendimiento con una precisión milimétrica. ¿Cómo puede ocurrir algo así en una época en la que todo un equipo de especialistas tiene “bajo la lupa” a sus deportistas? Tristemente, la realidad nos recuerda con estos acontecimientos (y por enésima ocasión) que aún no lo sabemos todo en materia médica y que literalmente se nos escapan de control algunos factores que juegan un papel fundamental en la salud de un deportista. 

            La muerte de Astori me hizo reflexionar una vez más sobre la importancia de promover en los ambientes deportivos la cultura de la promoción de la salud también a nivel psicológico, que es la trinchera en la que me desenvuelvo desde hace varios años. Mi reflexión, y que hoy comparto con usted amigo(a), se basa en un argumento muy sencillo pero que al parecer aún les pasa desapercibido a muchos. Vamos por partes.

          Sabemos que la medicina ha dado pasos agigantados en los últimos años, y que ello obedece en buena medida a los avances tecnológicos que han permitido el desarrollo de novedosas técnicas de diagnóstico y tratamientos cada vez más eficientes. Pero es un hecho también evidente que los avances médicos obedecen a que el cuerpo humano es un objeto material, es una masa compuesta de varios tejidos que permite ser estudiada bajo el microscopio del cirujano. En otras palabras, el cuerpo humano puede ser sometido al análisis que los médicos investigadores deseen. Pueden medir temperatura, longitud, tono muscular, nivel de glucosa, reflejos, pliegues, peso, y prácticamente todo lo que a usted se le ocurra. Y esto es así por una sencilla razón: el cuerpo humano existe, es algo que está presente en el mundo material en el que usted y yo vivimos. Así, solo basta tener a la mano los instrumentos de medida adecuados (aquéllos que se han fabricado gracias al avance tecnológico al que me refería antes) y será posible hacer un diagnóstico altamente confiable. Pero es justo en este punto en el que casos como los de la muerte de Astori asaltan mi tranquilidad. Si este hecho viene a confirmar que el avance médico del siglo XXI no garantiza la salud física –y la vida en este caso- de un atleta, ¿qué podemos esperar de la salud psicológica, que abarca mecanismos tan subjetivos como las emociones, pensamientos, recuerdos, anhelos, etc.?, ¿acaso estos mecanismos psicológicos no están comprometidos en el alto rendimiento tanto como los mecanismos biológicos del cuerpo humano?, y si es así, ¿quién los vigila?, ¿usted lo hace…?

           
Ezequiel Orozco
Mi motivación para escribir este artículo fue mayor cuando me enteré de otra muerte, la de Ezequiel Orozco, jugador sinaloense (Mex.) que militó en varios clubes del fútbol mexicano (usted puede leer una nota al respecto en (http://www.excelsior.com.mx/adrenalina/2018/03/17/1226713). Tuve la oportunidad de conocer a Ezequiel siendo yo psicólogo del Club Necaxa hace algunos años, en un tiempo en el que nadie pensaría en este desenlace. Aunque su muerte ocurre bajo condiciones completamente diferentes a las de Astori, pues se trató de proceso de degeneración paulatino que le llevó a una lucha de varios meses (cáncer de pulmón), ambos casos ejemplifican situaciones que también se observan en el plano psicológico. Dicho de otra manera, a nivel psicológico ocurren episodios abruptos y sorpresivos, o también lentos y desgastantes, que comprometen la salud emocional de un deportista.    

             
Alessandro Zanardi
El deporte de alto rendimiento nos aporta multitud de ejemplos de ambas situaciones a las que acabo de referirme. La muerte o enfermedad de algún familiar, accidentes sufridos en competencia (¿recuerda usted el caso del piloto italiano Alessandro Zanardi que perdió ambas piernas por un accidente en la pista?), el perder un pase a Juegos Olímpicos (¿recuerda usted la lesión del tenista español Rafael Nadal que lo marginó de los JO de Londres 2012?), conflictos maritales (¿recuerda el caso del golfista norteamericano Tiger Woods y su escándalo extramarital?), y una larga lista de etcéteras. Algunas de estas situaciones ocurren de manera inesperada y otras en cambio se afrontan poco a poco  y parecen no tener fin (¿recuerda usted el conflicto entre el entonces timonel del Club de fútbol Real Madrid, José Mourinho, y su arquero titular Iker Casillas que después de varios meses llevó a este último a abandonar el Club?). Todos estos ejemplos ilustran situaciones que golpean la vida anímica de los atletas (sin mencionar la de sus familias) y que si no se controlan a tiempo podrían también tener consecuencias fatales.

             
Leon McKenzie
¿Cree usted que exagero? Pues no es así. Deportistas de élite, hoy retirados, han reconocido haberse visto en situaciones depresivas que les han hecho pensar incluso en el suicidio. Públicamente han reconocido haber pasado por esta situación deportistas como el ex nadador norteamericano Michael Phelps (usted puede leer la nota en https://edition.cnn.com/2018/01/19/health/michael-phelps-depression/index.html), el ex futbolista inglés Leon Mckenzie    (usted puede leer la nota en http://www.bbc.com/sport/football/19830046), o la judoka norteamericana Kayla Harrison (usted puede leer la nota en https://edition.cnn.com/2017/08/21/sport/kayla-harrison-judo-world-championships-budapest/index.html).

Kayla Harrison
También cabe mencionar los casos de los atletas víctimas de abuso sexual, como por ejemplo las gimnastas del equipo de E.U. en manos de su propio médico Larry Nassar, hoy condenado a cadena perpetua. Dada la inmensa cantidad de situaciones de índole emocional que aquejan a los deportistas a nivel mundial, ya sea de manera abrupta o como circunstancias que acarrean a lo largo del tiempo, el número de los ejemplos que aquí he citado es simplemente insignificante. 

En base a todo lo anterior, deseo ser muy puntual en el objetivo que persigo con este artículo. Pretendo contribuir para que las instituciones deportivas se sensibilicen sobre la importancia de tomar cartas en el asunto y promuevan el apoyo de especialistas en materia psicológica que establezcan un programa de monitoreo constante de los atletas y entrenadores. El deporte es una actividad completamente emocional y como tal puede propiciar la acumulación de tensiones a las que es menester dar un buen cauce (comparto un interesante documental respecto a la realidad que viven los atletas  https://www.youtube.com/watch?v=LHvmG_zUy4k&t=32s). Y a menos que posean una formación psicológica universitaria, ni los directivos (expertos en materia de administración) ni los entrenadores (expertos en materia de entrenamiento deportivo) tienen los elementos suficientes para interpretar qué ocurre “en la cabeza” de los deportistas. Bien podría estarse gestando un conflicto de identidad, ansiedad, estrés, sexual, etc., en uno de sus deportistas y usted no darse cuenta o bien asumir que la intranquilidad que observa en uno de sus atletas solo es una “racha pasajera”. Tenga cuidado, hay “rachas” que pueden convertirse en una alerta roja y que merecen toda nuestra atención. Y da igual si nos desenvolvemos en deporte de elite, amateur o infantil. En cualquiera de las etapas del desarrollo deportivo se debe de contar con adecuados “sensores del equilibrio psicológico”.   

           Sé que la naturaleza de la competencia deportiva acarrea estrés, incertidumbre y tensiones. Todo esto es parte de la belleza del deporte competitivo. Y también conozco muchos casos en los que precisamente este nivel de exigencia ha ayudado a salir adelante a deportistas que la estaban pasando mal. Mis palabras solo son una invitación a la prevención. No me gustaría que fuéramos ciegos al alto costo que le representa a un ser humano el ser exigido a competir cada vez más alto, más fuerte y más rápido. Al menos quiero contribuir a equilibrar la balanza…       


José M. Sánchez es psicólogo deportivo
con experiencia en deporte infantil, juvenil
y profesional. Actualmente es director de
Depsic Psicología y Alto Rendimiento

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¿Te rompes o te construyes?

¿TE ROMPES O TE CONSTRUYES?
Psic. José M. Sánchez 
Depsic Psicología y Alto Rendimiento SC

 La carrera de un deportista es, en cierto sentido, un resumen de toda su vida. La vida de cualquier ser humano es un trayecto que pasa por diferentes etapas, algunas buenas y otras no tanto. Conforme pasan los años nos topamos con circunstancias nuevas que nos ponen a prueba, que nos empujan hacia a delante o que más bien parecen detenernos. Como ejemplo de esto último, piense usted en una mala racha, un despido en el trabajo, la muerte de un familiar, una enfermedad, un divorcio, el robo de su auto, o cualquier situación adversa que puede hacerle pensar que la vida tiene algo en contra de su persona. Obviamente, la vida no tiene nada en contra nuestra y todo lo que nos ocurre obedece simplemente a una combinación de circunstancias algunas veces casuales y otras tantas por nuestros propios descuidos. Pero cualquiera que sea el caso lo importante es cómo enfrentarlas de una manera constructiva.

            La carrera de todo deportista también transcurre con altibajos pero a una velocidad más acelerada puesto que, por más tiempo que se mantenga en activo el deportista, su carrera durará menos tiempo que su vida completa. Así, el deportista debe estar preparado para vivir los altibajos de su deporte, acostumbrándose a tenerlos pero sobretodo a salir delante de cada situación.

           Quizá una de las situaciones que más dificultad representan para todo deportista sean las lesiones. Nadie puede evadirlas y menos cuando se compite a nivel de alta exigencia. ¿Cómo se debe de manejar una lesión desde un punto de vista psicológico?

          Si sufres alguna lesión es importante que sepas que es normal experimentar emociones tales como enojo, frustración, tristeza, etc. Después de todo a nadie le gusta hacer una pausa en su  carrera deportiva por un evento que le va a alejar por un tiempo del entrenamiento. Y menos aún si ese tiempo puede ser extenso. Pero también debes de entender que como atleta necesitas desarrollar la fortaleza emocional para no dejarte decaer anímicamente. Recuerda que el estado de ánimo es el motor que te mueve y que como tal no es bueno dejar que se apague. Así que repasemos algunas sugerencias para que afrontes tu lesión de la mejor manera pues una actitud positiva puede contribuir considerablemente para tu recuperación.

1.- Evita pensar demasiado en lo que la lesión va a repercutir en tu futuro inmediato pues eso sólo te generará ansiedad. Mejor enfócate en el presente. La lesión ya está y requiere que te enfoques en ella no te desgastes pensando en el tiempo que perderás en la recuperación.

2.- Enfócate en lo que depende de ti. Por ejemplo, los músculos, tendones y ligamentos siguen su propio rito de recuperación y es el médico quien conoce los procedimientos para tratar de acelerarlos. Pero ese tiempo no depende de ti. En cambio, lo que si depende de ti es controlar tus pensamientos y tu comportamiento. Así, el acatar las instrucciones del plan de rehabilitación si es algo en lo que puedes enfocarte.

3.- Estudia tu lesión. Muchos deportistas comienzan a especular que su lesión puede traerles consecuencias catastróficas para su carrera pero sin conocer realmente la magnitud de su lesión. Eso ocasiona que en muchos casos los deportistas sufren “gratuitamente”, esto es, sin que la situación lo amerite. Por eso es importante que te enteres realmente de lo que te ha ocurrido y sobretodo de otros casos de atletas que hayan padecido lo mismo que tú. El investigar casos de otros deportistas que han logrado sobreponerse a lesiones graves puede ser un buen aliciente para que pienses algo positivo como por ejemplo: “si otros han podido salir adelante yo también podré…”

4.- Maneja la desesperación. Lógicamente que tu recuperación va a llevar tiempo y es importante aprender a tolerar la espera sin “perder la cabeza”. A ningún equipo le sirve tener a un jugador lesionado deprimido o malhumorado. Y a ninguna familia le ayuda tener en casa a alguien que se la pasa quejándose por su mala fortuna. Así, en lugar de proyectar una imagen de desesperación para con tus compañeros y familiares, más bien conviértete en un ejemplo para ellos, manejando la adversidad con tranquilidad y confianza en la capacidad de tu cuerpo para regenerarse.

5.- Aprende a conocerte. En buena medida, los seres humanos nos conocemos a nosotros mismos en la adversidad. Cuando las cosas van bien, uno se pasa la vida tranquilamente sin analizarse. En cambio, cuando algo va mal, entonces realmente hacemos uso de nuestro potencial. Así que, por más ilógico que parezca, los malos momentos pueden ser grandes aliados si los aprovechamos para darnos cuenta  de lo fuerte que podemos ser para enfrentarlos. En mi opinión, nadie puede conocer su verdadero potencial si nunca tiene la necesidad de ponerse a prueba. Así, tu lesión es una prueba que va a medir tu capacidad de afrontamiento de adversidades. Enfoca esta prueba como un reto y disponte a luchar. No dejes que te saque de quicio.

6.- Sigue entrenando. Sería un error pensar que una lesión te impide entrenar. Salvo casos de lesiones realmente graves, como el caso del accidente del piloto Alex Zanardi en el que estuvo a punto de perder la vida, la gran mayoría de las lesiones nos permiten todavía seguir haciendo muchas cosas. Por ejemplo, puedes aprovechar para entrenar técnicas psicológicas como por ejemplo la visualización o los autodiálogos. Estas técnicas son muy utilizadas en la actualidad y seguramente te ayudarán mucho cuando las pongas en práctica al regresar a competir. O también puedes aprovechar para hacer un análisis de tus objetivos deportivos. Regresando al caso de Alex Zanardi, él es un ejemplo de alguien que supo replantear sus metas. El accidente que tuvo (su auto fue impactado en una pista de carreras por otro vehículo a máxima velocidad https://www.youtube.com/watch?v=KysP71KKzIc) le dejó sin piernas por lo que se vio obligado a  abandonar la fórmula uno. Sin embargo, encontró una nueva manera de competir, haciéndolo ahora en un triciclo adaptado que puede ser impulsado con los brazos. La convicción de Zanardi fue tal que no solo logró dominar su nueva prueba, sino que además logró ser medallista paralímpico representado a su país (Italia). La vida le puso una prueba y él descubrió todo un potencial que antes no conocía de sí mismo.

             En resumen, no permitas que tu lesión rompa lo que eres. Mejor descubre tu potencial y construye a la persona que quieres ser a partir de este momento. Seguramente esta nueva persona es ahora más fuerte emocionalmente. Y, si el deporte es un resumen de tu vida, entonces la persona que ahora comienzas a ser seguramente podrá vivir de una mejor manera por el resto de tus días.

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Temer o no temer, ¡he ahí el dilema!

TEMER O NO TEMER… ¡HE AHÍ EL DILEMA!
Psic. José Manuel Sánchez Durón
Depsic Psicología y Alto Rendimiento S.C.
 
El temor es una sensación perturbadora. Cuando tememos, parece que la vida es diferente, pues nos invade una angustia profunda que nos sumerge en dimensiones desconocidas en las que no sabemos cómo actuar, ni tenemos la certeza de lo que pueda ocurrir. El miedo es tomar conciencia de que se ha abierto la puerta que libera nuestros demonios…

Recuerdo que uno de mis primeros temores –por lo menos de los que recuerdo- lo tuve al cursar la escuela primaria. Como era costumbre en mi familia, mi madre nos llevaba todos los días a la escuela cuando mis hermanos y yo éramos niños. Pero repentinamente algo pasó en mi vida. Cuando cursaba el tercer o cuarto grado comencé a experimentar temor cuando mi madre me dejaba en la puerta de entrada de la escuela. Algunos metros antes de llegar a dicha puerta, yo comenzaba a ponerme mal, temblaba y me inundaba una angustia que me llevaba hasta las lágrimas.
 
¿Miedo a mi maestra? No lo creo, después de todo yo era buen estudiante y sacaba buenas notas, y mis maestras solían tenerme en buena estima; ¿miedo a compañeros? Descartado, no recuerdo ningún caso de abuso o de conflicto serio con alguno de ellos. Por el contrario, puedo decir que siempre estuve rodeado de amigos. ¿Miedo al abandono? Tal vez, era una especie de conflicto por no querer alejarme de mi protectora madre aunque yo siempre haya estado consciente de que ella volvería a la hora de salida. Por lo menos -para mi fortuna- siempre cumplió su palabra de regresar por mí.

Quizá desde entonces he tenido un peculiar interés por el tema de los temores humanos, y particularmente por los temores de competencia como los que se viven en el deporte. Por supuesto que los temores son reacciones muy complejas como para comprenderlas cabalmente (al igual que lo son todos los mecanismos psicológicos), pero por lo menos podemos identificar algunos aspectos generales que pueden sernos de gran utilidad para tratar de controlarlos. Después de todo, una persona que actúa con temor (como por ejemplo el deportista que compite con miedo), se comportará de una manera inestable, insegura, y esto repercutirá negativamente en su desempeño, por lo cual será muy poco probable que alcance las metas que persigue en su vida.

Así que comencemos por señalar dos aspectos que considero básicos en el tema de los temores y luego analizaremos lo que ocurre particularmente con los que se experimentan en las competencias deportivas.   

Primeramente diré que toda persona consciente (o como se dice coloquialmente, en sus 5 sentidos) experimenta temor a algo. Por ejemplo, el temor es una reacción natural al peligro. Podríamos decir que en cierto sentido el temor es un mecanismo de autoprotección porque nos hace evitar aquello que puede dañarnos. Así que en mi opinión el temor es una reacción NORMAL, y que no deberíamos de avergonzarnos por experimentarlo de vez en cuando. 
 

Pero este tema se vuelve más interesante cuando analizamos un poco más a detalle qué es lo que nos hace temer. Acabo de decir en el párrafo anterior que el peligro o lo que puede dañarnos es algo que puede generarnos temor. Pero eso es una opinión muy general pues si reflexionamos un poco podremos darnos cuenta de que, aunque puede haber algunos peligros a lo que temamos todos los seres humanos (por ejemplo perder a un ser querido), la gran mayoría de temores son más bien particulares. Cada quien teme a algo distinto y va por la vida cargando sus propios miedos. Habrá quien tema a la obscuridad, a las arañas, a la soledad, a la escuela, a la gente, a los perros, a la infidelidad, a las alturas, etc. Pero por lo regular nadie experimenta miedo a todo, sino que cada quien tenemos nuestros propios miedos.

Aquí llegamos a un punto particularmente relevante. Si cada quien tiene sus propios miedos que son diferentes a los de otras personas, entonces muy probablemente tales miedos tengan una relación estrecha con la historia de vida de cada uno. En otras palabras, nuestras experiencias personales de alguna u otra manera habrían ido moldeando los miedos que nos acechan a cada quien. Puesto que dos personas tienen diferentes experiencias a lo largo de su vida, entonces desarrollarán temores a diferentes situaciones.

Me parece que lo que acabo de decir tiene suficiente sentido como para ser comprendido fácilmente. Aún así, señalaré un punto en el que quiero poner énfasis. Si decimos que los temores se generan en la historia de cada quien, entonces podemos afirmar que los temores son algo APRENDIDO, y no algo con lo que cada uno “ya vino de fábrica” (nació).  Creo que todos nosotros hemos visto como se comportan los niños pequeños ante los peligros. Simplemente los ignoran, los “pasan por alto”. El niño que apenas comienza a caminar tratará de trepar a cualquier sitio, de meter una mano a un sartén hirviendo, de meterse a una lavadora, de agarrar un insecto venenoso, etc., sin reparar en las consecuencias que esto pueda traerle. Todo niño pequeño, como lo fuimos tú y yo, es valiente y atrevido, en el sentido de que tratará de hacer cosas que un adulto no haría por miedo.

Por lo tanto, creo que podemos tener buenas expectativas respecto a nuestros miedos. Si yo no nací temiendo a algo, sino que aprendí a temerle, entonces igualmente puedo aprender a dejarle de temer. Muy diferente hubiera sido el caso si comprobáramos que los temores son algo con lo que se nace, algo genético. Si ya viniéramos “programados” de nacimiento  para temer, entonces poco podríamos hacer para superar los miedos. En cambio, lo que una vez se adquirió también puede soltarse, porque aquello no está sujetado a nosotros.

Podemos poner mil ejemplos de miedos que han sido superados en la historia de la humanidad. Mientras que en la antigüedad se le temía al fuego, a las tormentas, o a los relámpagos, ahora sabemos que todas éstas son manifestaciones de la naturaleza con las que podemos convivir perfectamente sin poner en riesgo nuestra vida. Más aún usted y yo hemos ido superando muchos miedos que fuimos adquiriendo desde pequeños. Aprendemos a temerle a los exámenes y luego aprendemos a tomarlos como un simple trámite administrativo para cumplir con algún requerimiento. Aprendemos a temer a las albercas y luego aprendemos a disfrutarlas. Aprendemos a tener miedo a la soledad y terminamos descubriendo que la soledad es una excelente ocasión para descansar o hacer algo que nos guste. Aprendemos a temer al rechazo de aquélla persona que amamos pero luego descubrimos que aún en su ausencia podemos ser felices con otra persona. Aprendemos a temer de la diabetes para luego aprender a vivir con ella como algo inevitable pero llevadero. Podemos escribir gran cantidad de ejemplos. Piense usted en todas las cosas que temía de pequeño(a) y luego dígase cuántos de esos temores aún perduran.

Vamos al deporte. Opino que todo deportista aprende en algún momento de su formación a temer al fracaso, a los oponentes, a la derrota, a la desilusión, etc. Una vez más, estoy seguro que ningún deportista nació con esos temores, pero su entorno (entrenadores, padres, compañeros, etc.) lo entrenó para temer. Por supuesto que no estoy diciendo que ese entorno genere tales temores de manera intencional, pero sí opino que muchas veces la presión y exigencia que puede llegar a tener un joven deportista pueden ocasionarle el comenzar a temer a algo que antes disfrutaba, la competencia.


¿Qué podemos hacer ante esta circunstancia? Mucho. Si tú eres un atleta, y te has visto en estas circunstancias de temer a tu rival o a un mal desempeño en tu próxima competencia, aquí te presento una guía que puede ayudarte.

a) No tengas miedo a tener miedo. El deporte está lleno de “buenos consejos” que dan los entrenadores y padres de familia. Se le dice al deportista que no debe temer, que debe de ser valiente y que debe de ser invencible. Desafortunadamente, cuando se le dice al deportista todo lo que “debe” de sentir (por ejemplo confianza en sí mismo), no se le dice que hacer en caso de que el día de la competencia no sienta aquello. Por consiguiente, el deportista con temores o inseguridades –que como ya dije son algo normal- se sentirá aún peor por no sentir lo que debería. Esos deportistas se van en picada. En cambio, si te haces a la idea de que es obvio llegar con algunos temores o inseguridades a una competencia  debido a que desde pequeño(a) tu entorno te entrenó a temer, entonces vas a reducir tu ansiedad. Como lo diré más adelante, un temor al inicio de una competencia no indica forzosamente que vas a tener un mal desempeño.

b) Recuerda que el temer, después de todo, tiene sus beneficios. Quien teme suele estar alerta, mucho más alerta que quien se confía de más. Así, aprovecha los beneficios del temor ya que eso te ayudará a estar más “despierto(a)”.

c) Por supuesto, un miedo intenso no es algo útil en una competencia. Una persona en estado de pánico simplemente se paraliza y no actúa. Así que, aunque he dicho que es normal tener algunos temores, y que hasta pueden ser útiles para un estado de alerta, también te digo que hay que aprender a “mantenerlos a raya”, controlarlos. Al principio anticipé una de las claves para controlar el miedo. ¿Recuerdas que dije que los humanos tememos al peligro o a lo que pueda dañarnos? Pues bien, una persona superará un miedo cuando  se dé cuenta de que aquello a lo que antes temía en realidad no es “tan peligroso”. Por ejemplo, estar pro presentar un examen para solicitar un empleo que consideras que puede asegurar tu futuro económico. Tienes miedo de reprobarlo porque en caso de no aprobar te verás en una crisis por falta de empleo y dinero. No puedes dormir la noche anterior pensando en lo que se puede venir si repruebas. Pero llegas a tu examen y descubres que en realidad sabes todas las respuestas. En ese momento te cambia la perspectiva. Sabes que puedes aprobar y con una muy buena calificación. Completas el examen sin problema y hasta lo disfrutas. Algo parecido les pasa a miles de deportistas, desde antes de enfrentar a sus rivales ya los están considerando difíciles. Y aquí ocurre algo curioso, muchos deportistas sobrevaloran a sus rivales, esto es, les atribuyen cualidades “de más”. Si bien es cierto que al rival nunca hay que minimizarlo, tampoco hay que sobrevalorarlo.
 
Reconoce y estudia sus cualidades para contra restarlo, pero nunca le inventes más cualidades de las que tiene. En conclusión, nunca llegues a una competencia pensando que lucharás contra Supermán o Supergirl. Hasta los atletas más capaces tienen sus puntos débiles y tú podrás atacar ahí si vas bien preparado. Entonces, el miedo se empieza a combatir en tus entrenamientos, cuando trabajas a detalle todas las estrategias para atacar en lo que consideras que puede ser más débil tu rival.  Quien llega a una competencia consciente de que ha preparado todo lo que tenía que preparar, podrá sentirse mucho más confiado en su propia capacidad en lugar de enfocarse en las del rival.

d)  Ahora bien, y como ya te lo dije antes, lo más relevante no es que llegues sin ningún temor ya que los temores “iniciales” no son los que determinarán el resultado. Lo verdaderamente importante es cómo vas regulando tus emociones sobre la marcha, ya iniciada la competencia. Eso es lo que más importa.  Así que una vez más, no te preocupes si previo al arranque tienes algún temor. Enfoquémonos en lo que harás ya compitiendo. Por supuesto que las estrategias a emplear ya sobre la marcha de la competencia dependerán del tipo de deporte del que cada quien practique. En los deportes de contacto podrás ir midiendo a tu rival en la medida que vas presentándole ciertos golpes ó llaves, ó en la medida que descubres que eres más rápido que él. En los deportes de pelota como por ejemplo el fútbol tomarás confianza en la medida que veas que eres capaz de cortar todos los avances del rival y de generarle peligro en su arco. Entonces, la tarea consiste en que entiendas que te hagas a la idea de llegar a estudiar al rival y a evidenciar sus puntos débiles, no importando si lo veías superior o no ó si te sientes nervioso. Al enfocarte en lo que vas notando en tu rival lograrás olvidarte de tus propias emociones de ansiedad o temor.  

e)  Para lograr lo anterior, será crucial que tu pensamiento sea claro y no te “vuelvas loco(a)” cuando compites. Regularmente, cuando comienza la competencia uno reduce su ansiedad y eso nos permite pensar mejor. Pero también puedes entrenarlo. Introduce en tus entrenamientos situaciones de estrés que te obliguen a mantener la “cabeza fría”. Puedes inventar muchas formas. E igualmente, acostúmbrate a enfrentar las diversas situaciones de tu vida cotidiana de la misma manera. Si te quedas sin dinero, si se descompone el refrigerador o el auto, si  repruebas una materia escolar, si tu pareja te abandona, si tienes a un familiar enfermo, si tienes una pelea con tus padres, etc. Todas estas situaciones están poniendo a prueba tu capacidad de mantener la cordura y pensar fríamente, no las desaproveches. Creo que es más fácil que, una persona que aprende a enfrentar las adversidades de la vida analizándolas y actuando sin vacilar, logre hacer lo mismo cuando compite que una persona que ante los problemas de la vida pierde la cabeza fácilmente.

Finalmente, te quiero dejar una reflexión. Alguien dijo alguna vez que en el deporte, el ganar es lo único que importa. Pero esta opinión me parece algo confusa. Yo digo que más bien… depende. Por ejemplo, desde un punto de vista económico es obvio que el ganar es el objetivo único ya que quizá un premio en efectivo ó una beca sólo se le entregue a quien gane. Pero ese no es el único objetivo que se persigue en el deporte. Otros objetivos igualmente importantes son el adquirir aprendizaje y experiencia, el ensayar estrategias, el dominar los gestos técnicos, el mantenerse activo, etc. Y regularmente todo esto se adquiere aún sin ganar todas las competencias. El punto es, que no pierdas de vista que aún en la derrota la vida no se acaba. En el caso quizá más extremo podríamos hablar del deporte Olímpico, en el que muchos se preparan por años para llegar a una competencia mundial en la que solamente serán premiados tres. ¿Dónde quedan los sufrimientos, lágrimas, sudor, alegrías, frustraciones y demás de todos los cientos  de atletas que no obtuvieron medalla en un ciclo Olímpico? ¿Son emociones, tiempo y recursos tirados a la basura? Por supuesto que no. Todo ha valido la pena porque en todo atleta quedan una suma de experiencias y aprendizajes que pocos humanos llegan a tener en sus vidas.
 
Con esto no quiero decir que seamos conformistas. Pero una cosa es anhelar el triunfo y otra muy distinta es convencerse de que es lo único valioso. Desde un punto de vista psicológico esta diferencia es crucial. Cuando me convenzo de que lo único que me conservará mi prestigio, mi autoestima, mi valía como persona y mi reconocimiento es el ganar, entonces mi temor se eleva porque estoy poniendo mucho en juego. En cambio cuando sé que lo que está en juego es una competencia pero no mi valía personal entonces mi temor se reduce considerablemente. Así que yo te pregunto, ¿cuáles objetivos buscas tú al competir?, ¿qué cosas crees que están en juego cuando compites?, ¿en verdad son tus pequeños temores algo que te deba quitar el sueño?...

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¿Atletas conscientes o inconscientes?

¿ATLETAS CONSCIENTES O INCONSCIENTES?
Psic. José Manuel Sánchez Durón
Depsic Psicología y Alto Rendimiento 

En el ámbito de la Psicología, han sido desarrolladas diversas teorías en base a las cuales sus autores han buscado interpretar, entender y explicar la complejidad del comportamiento humano. Los seres humanos, al poseer un sistema nervioso tan evolucionado en relación a otras especies animales, somos capaces de desplegar una amplia gama de diversos comportamientos que a su vez son matizados por nuestra propia historia individual, la sociedad en que vivimos, las influencias ambientales, nuestras necesidades básicas de supervivencia, nuestros deseos y aspiraciones, etc. A partir de estos hechos, las teorías psicológicas pretenden ayudarnos a entender quienes somos y por qué actuamos de la manera en que lo hacemos.

Una de estas teorías fue desarrollada en Austria por Sigmund Freud, un médico que ha sido conocido en el mundo como el padre del psicoanálisis. El psicoanálisis propone que los seres humanos poseemos instintos que rigen nuestro comportamiento a nivel inconsciente. Esto significa que, desde el punto de vista de esta teoría, las razones que damos de manera consciente o racional a nuestros actos no son en realidad la causa de los mismos. Freud propuso que a nivel psicológico contamos con tres componentes que se encuentran en conflicto constante, a los cuales llamó YO, ELLO, y SUPERYO. El Yo es el componente consciente, que nos permite darnos cuenta de quienes somos y de lo que hacemos. El ELLO es un componente instintivo que busca placer y satisfacción inmediata de sus necesidades a costa de lo que sea. Finalmente el SUPERYO representa la moral, la disciplina y las reglas de comportamiento que nos impone la sociedad. El conflicto entre estos tres componentes ocurre porque el ELLO busca obedecer sus caprichos pero el SUPERYO lo restringe. Esta lucha de poder ocurriría a nivel inconsciente por lo cual el YO solamente buscaría encontrar razones a sus actos sin darse cuenta de que en realidad los motivos originales del comportamiento de la persona “nacen” de la lucha entre sus pasiones y la tradición moral en la que vive.

Si esta teoría nos permite o no entender “a carta cabal” el comportamiento de una persona es una cuestión a debatir. Si bien el psicoanálisis es una teoría que hasta la fecha cuenta con buen número de adeptos en el mundo, también es cierto que otras teorías cuentan con buenos fundamentos para cuestionar lo que propone. Por ejemplo, uno de los puntos a cuestionarle seriamente al psicoanálisis es precisamente el de que el comportamiento de una persona sea el resultado de conflictos de los que no tiene conocimiento y que en consecuencia no puede controlar. ¿Estamos a merced de procesos mentales que no controlamos?, ¿entonces no podemos controlar, dirigir o “tomar riendas” de lo que somos y hacemos?

Sin duda que esta clase de preguntas ameritan nuestra atención. Supongo que a ninguno de nosotros nos gusta la idea de que nuestro “destino” no dependa de nosotros mismos. Al menos algo podríamos estar en condiciones de controlar para sentirnos más tranquilos. Y yo creo firmemente que esto es así. En mi experiencia de varios años ejerciendo la Psicología como mi profesión he tenido oportunidad de analizar este dilema. Y uno de mis campos predilectos -de trabajo y de análisis psicológico- es el mundo del deporte de competición. El deporte de competición  es aquél en el que buscamos preparar a nuestros atletas para lograr desarrollar sus máximos niveles de rendimiento. A diferencia del deporte recreativo, el deporte de competición no busca solamente la diversión, la salud y el esparcimiento, sino que busca la superación constante, la alta especialización y la victoria. 

Precisamente en Austria, lugar de nacimiento del psicoanálisis, está por comenzar el Campeonato Mundial de karate 2016. Ahí se reunirán los mejores exponentes de esta apasionante disciplina marcial para demostrarle al mundo –y a ellos mismos- quienes llegan en mejor forma para sortear los diversos obstáculos que surgen en los combates cuerpo a cuerpo que distinguen el karate. Debo decir que esta disciplina posee un alto contenido psicológico, en el sentido de que además de la intensa preparación físico-técnica que requiere para el dominio de sus movimientos todo karateca, el factor fundamental que marca la diferencia en un campeonato como el que tendrá lugar en Austria será el estado psicológico en el que se encuentren los competidores. Cada uno llega con sus respectivas inquietudes, anhelos, miedos y frustraciones. Estos atletas saben de su potencial y están conscientes de si llegan en su mejor forma o si por el contrario se sienten mermados por alguna razón de carácter físico (lesiones) o emocional (problemas o preocupaciones). Esta evaluación precompetitiva que todo atleta hace de si mismo impacta de manera contundente en su propia confianza. Si sienten que llegan en buen momento se perciben positivos y con buenas expectativas mientras que si se sienten mermados su confianza tambalea. Y este asunto es crucial en un deporte de contacto en el que el cuerpo se expone al choque y al dolor. De ahí que no cualquiera está dispuesto a practicar esta rigurosa disciplina. Ni todos los cuerpos se hicieron para el trabajo rudo, ni todo espíritu humano nació para pulirse en las llamas del sacrificio.   

Pero es ahí donde radica un secreto importante. El karateca sabe –o debería saber- que por el hecho de pertenecer al selecto grupo de seres humanos entregados al alto rendimiento ya forma parte de una élite de guerreros que se han probado a sí mismos en formas que no conocen la mayoría de las personas. Me refiero a las formas del sacrificio cotidiano, del hambre, del dolor y del cansancio. Solamente quien realmente se pone a prueba llega a saber quién es y de qué está hecho. Pero además, el karateca forma parte de un grupo aún más selecto al que solo pertenecen los atletas de los deportes de combate. Nuestro cuerpo es nuestra posesión más preciada y solamente quien en verdad se ha preparado puede ponerla en juego. Es cierto que el riesgo es grande, pero ese riesgo siempre lo comparten ambos combatientes. Es un error suponer que la responsabilidad recae solo en uno. Ambos saben de los riesgos y ambos estarán tensos por el reto. No ganará quien no se tense, quien no se preocupe o quien no experimente nerviosismo, sino quien aún viviendo todo esto sepa que lo puede utilizar a su favor ya que el rival también enfrenta tales emociones. Los miedos son ciegos, y cuando se enfrentan dos miedos la balanza se inclinará a favor de aquél que logre abrir los ojos y se dé cuenta de que su rival tambalea emocionalmente. Un miedo ciego se enfoca solo en sí mismo, es egocéntrico. Pero al abrir los ojos se pueden poner las cosas en perspectiva. 

Opino que el deporte es una excelente vía para darnos cuenta de que lo que hacemos y cómo reaccionamos depende principalmente de nosotros mismos, sobretodo cuando logramos ver el mundo en perspectiva amplia en lugar de centrarnos en nosotros mismos como si fuéramos el centro del universo. Creo que crecemos cuando logramos entender que toda situación puede ser vista desde diferentes perspectivas, dependiendo del lado desde el que se mire. Quizá tus miedos y tus dudas no obedezcan a conflictos inconscientes sino a que solamente has estado contemplando tu vida desde un ángulo. Pero te aseguro que también puedes mirar desde otros ángulos  y que al hacerlo te puedes llevar fabulosos sorpresas, llegando incluso a conocer facetas insospechadas de ti mismo. Conócete, descúbrete. No solamente eres lo que hasta ahora has creído ser, también eres aquellas cualidades que posees pero que no has notado desde la perspectiva que sueles analizarte.  

Bertha, Pao, ustedes ya eran grandes cuando tomaron el vuelo de ida. Y sé que serán ENORMES cuando tomen el de regreso…       
 




JM
 


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¡No necesito un Psicólogo!... ¿o sí?

¡NO NECESITO UN PSICÓLOGO!... ¿O SÍ?
Psic. José Manuel Sánchez Durón
Depsic Psicología y Alto Rendimiento S.C.


      Hace unos días salí a tomar un café con una amiga en conocido lugar del centro de la ciudad. Mi amiga llegó acompañada por una compañera de su trabajo y al presentarnos le dijo que yo me dedicaba a la Psicología. La compañera de mi amiga se interesó en este tema y entonces me preguntó: “¿cuándo necesita una persona buscar a un psicólogo?”.

       En varias ocasiones he escuchado esta pregunta y hasta puedo decir que ya estoy “acostumbrado” a responderla. De hecho, hasta he aprendido a reconocer ciertas señales faciales y corporales que demuestran muchas de las personas que me hacen la pregunta. En la mayoría de los casos (hablo de mi experiencia personal) las personas parecen informarme que, aunque no saben con certeza qué hace un psicólogo o cuándo es recomendable buscarlo, aún así intuyen que lo necesitan. Esto no me extraña. Las personas experimentamos necesidades, enfrentamos problemas y pasamos por situaciones difíciles en nuestras vidas. Y cuando tenemos por lo menos un poco de información respecto a algún profesional que brinde ayuda, aunque no conozcamos los detalles de lo que hace, consideramos seriamente la posibilidad de que pueda ayudarnos a sentirnos mejor. 

      Así que le respondí a mi nueva amiga que pueden existir varias razones para decidir acudir con nosotros los psicólogos. Entre éstas se encuentran las de sentir que algo no camina bien en nuestra vida o que hemos “perdido el rumbo”, como cuando no nos parece claro qué decisiones debemos de tomar o cuando ni siquiera tenemos claro lo que queremos hacer o buscar en nuestra vida. Si tomamos en cuenta que la vida nos va enfrentando a tantas y tan diversas circunstancias entonces tiene sentido suponer que nuestra estabilidad podría verse comprometida en más de una ocasión. Y esto no es necesariamente algo malo, sino normal.  En todo caso, cuando esto ocurra viene bien el contar con algún profesional que nos brinde orientación y guía. 

 
  Otra situación que a mi juicio justifica la decisión de buscar ayuda psicológica es la de experimentar algún problema o malestar más específico, alguna situación que perjudica a la persona y que interfiere en su vida cotidiana. Así, podemos mencionar como ejemplos los síntomas relacionados al estado de ánimo (depresión, irritabilidad, ira, temores, culpas, etc.), problemas en las relaciones interpersonales (fobia social, introversión, timidez, problemas de pareja, etc.), desarrollo de hábitos que repercuten en la salud (tabaquismo, alcoholismo, fármaco dependencia, etc.), alteración del autoconcepto (menosprecio hacia sí mismo, descalificación ó exaltación de las cualidades personales), disminución en la capacidad para rendir adecuadamente en algún ámbito de la vida (laboral, sexual, deportivo, etc.). En fin, situaciones diversas que nos impiden sentirnos plenos y satisfechos. 

     Finalmente, diré que existe un tercer criterio para solicitar los servicios de un psicólogo. Como usted podrá notarlo, en los ejemplos de situaciones que ya he comentado me he referido a casos en lo que una persona puede no sentirse cómoda, situaciones de malestar e inconformidad. Sin embargo, los beneficios de recurrir al asesoramiento psicológico no se limitan a dichas situaciones. También puede ocurrir que una persona se encuentre estable y aun así busque sentirse mejor. Pensemos en los casos de un individuo que quiere conocerse a sí mismo a mayor profundidad, o de quien quiere seguir desarrollando sus habilidades laborales o sociales, o de quien busca explorar nuevas posibilidades amorosas con su pareja, etc. Los ejemplos abundan. En todos estos casos la Psicología también tiene amplia cabida. La Psicología es una ciencia que se interesa por estudiar, analizar, comprender y predecir el comportamiento, entendiendo por este último todo el conjunto de acciones que realiza una persona en los diferentes ámbitos en los que se desenvuelve. A los psicólogos nos interesa entender cómo y por qué se comporta la gente de la manera en que lo hace. Y nuestros conocimientos nos permiten desarrollar diferentes estrategias para ofrecer a la gente que nos busca. Pero en ningún lugar está escrito que debamos preocuparnos solamente por lo casos en los que sea necesario corregir, modificar, curar o inhibir lo que “no funciona bien” en el comportamiento de una persona. También nos interesa hacer algo para fortalecer, estimular, incrementar “lo que ya funciona”. 

      Así que al psicólogo puedes acudir ya sea porque consideres que te caería bien un poco de ayuda para solventar una situación que te ha desestabilizado o bien para fomentar el bienestar que ya experimentas. En ambos casos un psicólogo tendrá algo que aportar a tu desarrollo personal. 


    Afortunadamente la sociedad conoce un poco más de nosotros los psicólogos de lo que conocía hace algunos años. Pero desafortunadamente aún existe mucha ignorancia al respecto. Pero creo que hemos ganado un terreno importante gracias a que las personas que nos han visitado han logrado eliminar sus propios tabúes y han comenzado a hacernos de buena fama. Si aún no has tenido la oportunidad de visitarnos, reflexiona un poco en lo que te he dicho aquí y plantéate la posibilidad de hacerlo. Lo único que te recomiendo es que si decides acercarte con algún psicólogo lo hagas con alguien que en verdad posea un título universitario expedido por una Universidad reconocida del país. 

      Tengo que reconocer que en la actualidad nuestra profesión se ha visto seriamente dañada por instituciones que sin poseer un reconocimiento ni validez oficial ofertan estudios para aspirantes interesados en cursar una carrera profesional. La realidad es que la calidad de los estudios en tales “escuelas” es deficiente, mediocre y poco regulada. Afortunadamente todos podemos reconocer cuáles universidades de nuestras ciudades cuentan con la tradición y seriedad en las que podemos confiar nuestra salud. 

    También debemos estar alertas para los casos de gente que cree que por tener un curso de Psicología ya está capacitada para brindar servicios psicológicos. Conozco casos de ingenieros, médicos, profesionistas de las áreas económicas o humanistas que toman cursos de psicoterapia y luego se promocionan como profesionales de un área que no dominan. Esto me parece peligroso. El conocimiento psicológico no se adquiere en un curso sino que amerita toda una carrera y sobretodo una curiosidad permanente por seguir aprendiendo. El conocimiento psicológico no se refiere a aprender una o dos técnicas para atacar un padecimiento. Esto es una caricatura. El conocimiento psicológico se refiere a escudriñar en los complejos procesos que determinan las reacciones un individuo, y esto no es nada sencillo que se logre captar en un curso de psicoterapia, coaching, PNL, counseling, etc. Tu bienestar psicológico es algo tan relevante para tu vida que requiere ser atendido solamente por quien cuente con la preparación adecuada.   

¿Deseas una consulta psicológica o sabes de quien pueda necesitarla? Estamos a tus órdenes.